Recuerdo que en una clase surgieron, entre otras, las siguientes preguntas:
1) ¿Cuál es la conjugación correcta del verbo “licuar”?
2)¿Qué pasa con la palabra “acentúa”, por qué le ponemos tilde si se trata de un término grave terminado en vocal?; además, siendo un verbo terminado en –uar, como “licuar”, ¿no debería seguir la misma regla que aquél?
Ahora, con la tranquilidad del fin de semana y este maravilloso sol casi invernal, les respondo de forma más amplia.
En principio debo aclarar que la norma ortográfica no sólo es lo que un grupo de académicos deciden, por muy expertos de la lengua que sean, sino que es el resultado de un largo proceso de ajustes y reajustes entre la pronunciación y la etimología, a lo que se agrega la costumbre lingüística. Paralelo a ello, se dan desajustes entre ortografía y pronunciación, motivados por la propia evolución del idioma (recuerden que es un elemento vivo), por las variedades dialectales (la forma en que se habla el español en distintos países) y por la misma tradición ortográfica.
Así las cosas, lo que señalamos como “lo correcto” para fines de la enseñanza es aquello que congrega esta suma de factores para que nuestro idioma atienda a su propia identidad y tome en cuenta el uso de todos los días pero con conciencia lingüística, sin guiarnos por la ignorancia, el capricho personal y el empleo tergiversado de los vocablos.
Vuelvo a las dudas planteadas. Con respecto a la primera pregunta respondí que el verbo “licuar” tiene como modelo de conjugación el verbo “averiguar”. De tal manera que lo correcto es escribir “yo licuo” (sin acento en la u), del mismo modo que escribimos “yo averiguo” y no “averigúo”, esta misma recomendación es válida para el verbo “adecuar”.
Para agregarle sabor al caldo de la polémica y sobre la duda de la ausencia o presencia de la tilde en tales palabras, Roberto Zavala Ruiz en El libro y sus orillas consigna lo siguiente:
"Acerca de los verbos terminados en –uar, 'la orientación coincidente parece estar en la consonante anterior a la u, y no en el número total de sílabas', dice Alcalá-Zamora en su obra Dudas y temas gramaticales. Y sigue diciendo que abren o deshacen el diptongo los verbos con d como graduar; con l como evaluar; con n como atenuar, continuar, insinuar; con s como acensuar, censuar; y con t como acentuar, actuar, conceptuar, desconceptuar, desvirtuar, fluctuar, perpetuar, puntuar, redituar, usufructuar, formando gradúan, evalúan, insinúan, fluctúan, etcétera.
Influyen para mantener el diptongo [y por tanto, evitar la tilde] la c y la g: aguar, amortiguar, apaciguar, averiguar, desaguar, evacuar, menguar, promiscuar, formando averiguan, evacuan, licuan, adecuan. Sin embargo, la fuerza del uso obligó a los académicos, en las Nuevas normas, a considerar igualmente correctas las formas adecúo, licúo, evacúo, etc. De manera que los autores pueden escoger y los correctores deben respetar las preferencias, salvo indicación expresa de la editorial, si ésta ha decidido adoptar un solo criterio como parte de sus normas de estilo." [p. 178-179. Las negritas son mías.]
¿Entonces sí o no?, se preguntarán ustedes con toda razón. Podemos decir que por norma lo correcto es escribir “licuo”, pero el uso marca una tendencia a permitir “licúo” (aunque no nos guste, me parece que la inmensa cantidad de libros de cocina seguramente toman esta segunda forma, la cual incluso puede resultar más conocida para los hablantes). Por lo tanto, yo concluiría que, en efecto, en ciertos vocablos hay cierto margen de decisión pero ésta debe estar regida por el equilibrio entre el conocimiento de la norma y por la eficacia en la comunicación, lo primero sobre todo para los maestros de redacción y más aún cuando hay que comprender que ese margen de “libertad ortográfica” es difícil de precisar.
Con lo anterior creo que la segunda pregunta –la relativa al verbo “acentuar” y la forma “acentúa”– queda respondida. Sólo agrego los siguientes detalles:
1) Colocamos la tilde en “acentúa” para evitar la formación del diptongo ua en tal palabra y el desplazamiento de la sílaba tónica; de lo contrario pronunciaríamos algo parecido a “acentua”.
2) La acentuación en este caso se rige, como nos recuerda Zavala en el fragmento citado, no tanto por el número de sílabas sino por la consonante anterior a la u, la cual determinará si se requiere o no el acento. Así que el verbo modelo para “acentuar”, puede ser el verbo “actuar”.
Si conocer estos recovecos de nuestro idioma son de interés para ustedes, les recomendaría echarle un vistazo a los dos tomos de José Moreno de Alba, editados por el Fondo de Cultura Económica y titulados Minucias del lenguaje y Nuevas minucias del lenguaje, contienen varios artículos de divulgación publicados en diversos periódicos y su objetivo es abordar todas estas interrogantes que nos surgen en el uso diario de este ordenado caos y hermoso monstruo de siete cabezas que es nuestro idioma.
Un gran saludo para todos.
Claudia Domínguez Mejía
viernes, 31 de octubre de 2008
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